Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas de una histora de amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Crónicas de una histora de amor. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de junio de 2012

Ranura de memoria 4 – Presente


Jueves, 24 de mayo de 2012

Durante los siguientes días no había llamado a Alex, él tampoco había dado señales de vida. Por una parte estaba nervioso, esta historia iba para largo e íbamos un tanto retrasados, pero por otro lado, no me apetecía verlo. Una pequeña parte de mi aún estaba un poco resentida y el tiempo es lo mejor para olvidar. 

Hacia una semana que no nos veíamos, quizá ya era hora de llamarlo, pero yo había tenido un percance con los médicos, me habían diagnosticado un sinus pilonidal en la baja espalda y me había operado hace 3 días. Estaba recuperado, aunque aún tenia dolor y no podía permanecer mucho tiempo sentado, el menos mi trabajo era de pie y hace unos días nos dijeron que algunos íbamos a cambiar de programa o incluso se hablaba de operarios de cámara para un rodaje de una película. Yo me ofrecí voluntario para esto último, quería oler de nuevo un set, meterme en ese mundo y, quizá, podría dejar caer un libreto delante de las narices del productor de turno. Tendría que adornarlo como nunca, hacerlo tan comercial como un anuncio. También podría rodarlo por mi cuenta, no era una superproducción y me debían favores. Favores. Gente.

Viernes, 25 de mayo de 2012

Desperté temprano, justo antes de que sonara el despertador, pero como siempre, puse la mano sobre él y esperé a que sonara para apagarlo. Cogí el móvil y me decepcionó no ver alguna llamada perdida o un sms, pero claro, no creo que fuera a llamarme por la noche.  Me duché, salí de mi casa, cogí el coche y me dirigí hacia los estudios.

Llegué media hora antes sin darme cuenta, así que me escondí detrás de la maquina del café, había una pequeña sala para los recambios de los focos. Nadie entraba allí nunca, salvo para echar un polvo rápido si te había entrado el calentón con la jefa de caterin. Solo lo habíamos hecho una vez y encontramos ese sitio de pura chiripa y menos mal, yo ya no llevaba los pantalones puestos.
No la volví a llamar después de eso. Quizá ahora estaría saliendo con ella y con planes de boda e hijos. Simplemente esa idea me revolvía las tripas, no la idea de ser padre o esposo, si no la idea de no tener aún alguna de las dos cosas.

Por alguna extraña razón me bajé los pantalones y me saqué el pene, pensaba masturbarme allí mismo recordando aquel maravilloso polvo, pero justo antes de empezar escuché al jefe en la máquina de cafés, estaba hablando otro hombre.

-          ….el problema viene de a quién te quieres llevar.
-          Bueno, evidentemente, quiero al mejor. Estamos hablando de una producción de hollywood.
-          Bueno tengo un cámara con bastante experiencia, es el que hace los planos de cámara, creo que antes era director… si tiene varios trabajos independientes y algunas producciones.
-          ¿Es profesional? Bueno parece que tiene experiencia
-          Si claro, es un buen cámara, puedes llevártelo a Inglaterra sin problemas y …

No me lo podía creer, ¿Inglaterra? ¿Qué demonios significaba eso? El cabrón los lo había ocultado y la jodida suerte ha estado esta vez de mi parte. No quería irme, ahora no. Sin subirme los pantalones salí de la sala de recambios para focos y me presenté delante de los dos hombres trajeados. Ambos se quedaron petrificados al verme de repente, pero sus caras se transformaron en un cuadro de Dalí al verme la polla colgando por fuera del calzoncillo. Antes de que pudieran decir nada, les tiré el café encima, me subí los pantalones y salí de allí con paso firme. No entendía lo que me decían pero el revuelo era impresionante y supongo que los insultos saltaron como chispas de petardos. Salí a fuera evitando la metralla y subí a mi coche. Lloré durante todo el camino a casa.

Sábado, 26 de mayo de 2012

Desperté tirado en el suelo junto al sofá, al moverme sonaron algunas de las botellas de ginebra que compre de camino a casa. Había cogido la mayor de las borracheras para intentar buscar una respuesta a mi actuación de ayer, si es que era sábado, quizá llevaba inconsciente dos días. Busqué a tientas el teléfono móvil pero lo único que encontré fueron más botellas y trozos a medio comer de pizza.

La había cagado, eso estaba seguro, di por hecho que me habían despedido, ahora no tenía trabajo, así que tampoco una fuente de ingresos, pero si unos suculentos ahorros. Aquel no era el problema, lo era el hecho de haberme comportado como un sucio estúpido, un marrano obsceno. Quizá tuviera alguna denuncia, pero quizá también lo achacarían al trabajo y al estrés y mis compañeros habían presionado para que el jefe no me denunciase. Pero claro, salvar mi puesto era imposible. La había jodido delante de aquel magnate mediocre y por tanto, mi jefe no podía hacer la vista gorda, ya que su puesto quizá también corría peligro. Quizá también debería de buscar otro quizá también, hasta mis pensamientos son repetitivos.

En ese momento sonó el jodido teléfono taladrándome los tímpanos como una manada de hunos; entre abrí los ojos y lo encontré, al fina, debajo de una caja de pizza con una polla de considerable tamaño dibujada  en la parte superior. Antes de descolgar pude ver unos 13 mensajes “tengo amigos al fin y al cabo”, pensé. Me puse el teléfono en la oreja.

-          Brup (eructo) ¿Si?
-          Emh, hola soy –
-          Ah ¡Alex! Cuanto tiempo (maldito enano cabrón) ¿Qué tal? (Rata asquerosa)
-          Emh bien, je, gracias. Oye, ¿estás bien? (¡Qué si estoy bien dice!) Te noto la voz un poco tomada…
-          Bueno, brup, he cogido algo de frio esta noche. ¿Qué querías? (enano asqueroso)
-          Emh, ya he terminado todo lo que tenia que hacer (mentiroso cabrón) así que cuando puedas podemos retomar nuestro proyecto.
-          Si, si claro (¿podrías haber llamado antes no?) cuando te venga bien.
-          Pues te llamo para concretar, en un dia o dos, para que te mejores de ese constipado (si, mejor que no aparezcas por aquí pronto porque ¡te arrancaría esa cabeza de enano que tienes!)
-          De acuerdo. Hasta luego campeón.

Me quité el teléfono de la oreja, le grite ‘cabrón’ con todas mis fuerzas. Me levanté, abrí una ventana para que se oreara el salón y tiré el teléfono a tomar por culo. Tras hacerlo me di cuenta de que lo necesitaría para recibir la llamada de Alex, pero bueno, tenia tiempo, pero no para recoger está mierda de salón. Me fui a la ducha y me limpie toda la porquería, tanto la que tenia por haber dormido sobre trozos de pizza, como la emocional.

Martes, 05 de junio de 2012

-          Ya era hora de que llegases ¿no? – le dije con enfado a Alex, llevaba esperando 10 días a que apareciera por mi casa y llegaba una hora tarde –.
-          Perdón, perdón – dijo entre risas – es que casi lo olvidé.
-          ¿Casi lo olvidas? ¿Cómo es eso? Una cosa se olvida o no… pero casi olvidarla…
-          Bueno – soltó una risotada – es curioso, sabia que tenia que venir, pero antes de salir me puse a pensar qué decirte y casi lo olvido. Sabia que tenía que venir, pero no recordaba que tenía que venir ¿me explico?
-          No – yo también reí – creo que se te da mejor contar historias que explicarte.

Me miró con una sonrisa. Parecía que estaba contento por venir aquí, le gustaba contar su historia aunque le doliera el simple hecho de hacerla. La última vez que me llamó, hace diez días, me volvió a llamar unas horas después, me confesó que su madre estaba ofuscándolo para que dejara de venir. En una comida se le había escapado nuestro secreto y a su querida madre le parecía un puto violador de niños y no quería que Alex volviera a mi casa. Sabía que él podría solucionarlo así que le dejé margen (tiempo que utilicé para beber y estabilizar mi vida) para que el mismo lo arreglase y aquí lo tenemos, suelto como un pavo real, a sus anchas,  libre; no le tenia que decir qué hacer, el mismo se sentó en su silla delante de la mía y esperó a que yo llegara con refrescos y algo para picar.

-          Así que todo solucionado ¿no? Tu madre por fin te ha cortado las cadenas.
-          Si – bebió un poco – fue complicado convencerla, tuvimos que ver todas tus películas y cortos.
Reímos durante un par de minutos.
-          Veo que has tenido que utilizar la artillería pesada y dime, ¿qué le han parecido?
-          Le gustaron, aunque parezca increíble. Después de verlas hablamos sobre este trabajo, incluso estaba interesada, yo a mi madre no le cuento nada.  Aunque no le gustó la idea de que te contara todas mis intimidades aceptó cuando le dije que si el proyecto saldría adelante ganaríamos mucho dinero y la llevaría a una gala.
-          No está bien mentirle a una madre – reímos durante otro par de minutos. Estábamos a gusto y eso se notaba en el ambiente – pero quizá tengas razón. Quien sabe. Quién.
-          Si… quizá.

Tras una larga pausa donde cada uno imaginó lo que quería imaginar (yo por mi parte imaginé el estreno en un pequeño cine, advirtiendo al público que esta seria la mayor confesión de la verdad que jamás iban a ver), le dije con la mano que podía comenzar cuando quisiera y encendí la grabadora.

jueves, 17 de mayo de 2012

Ranura de Memoria 3 – Presente

Jueves, 17 de mayo de 2012

Durante todos estos días había dormido como un bebe. La imagen de los pechos de mi ex siempre estaba presente.  Hacia tiempo que no me dedicaba tanto tiempo, hacia siglos que no me sentía tan bien conmigo mismo y todo era gracias al amor que desprendía aquel chico y que, de alguna manera, me había empapado.

Incluso llegué temprano al trabajo, aunque en vez de estar atento solo estaba pensando que aquella tarde y, que después de tres días, volvería a ver a Alex. Esto produjo que me echaran la bronca los de producción, ya que estaba despistado y me comí dos cambios de cámara, tampoco me había estudiado las plantas de cámara así que estaba a ciegas y me las soplaba el operador de sonido que tenia detrás. Solo pensaba en trabajar lo más rápido posible para terminar y llegar pronto a casa, cambiarme, limpiar un poco y esperar la llegada de Alex.

Volvería a sumergirme en su mundo, volvería  sentirme cálido abrazado por sus palabras; y por la noche volvería a dormir bien, ya que durante esa noche sería una persona diferente, romántica y sincera, por lo que el sueño me trataría bien. Había transcrito ya la primera parte de la historia en estos tres días, también le había sacado una copia para él y seguro que le gustaba, ya que una cosa es tenerla en mente y otra leerla como si fuera una novela sobre ti mismo. También había esbozado un guion, solo el principio, pero esto es solo para mí.

Salí del despacho del jefe de personal tras una bronca monumental que me había pasado por los huevos, cada vez que el Señor Prim dejaba de hablar, asentía y decía que “si” como un robot. Quizá me habían despedido, no lo tengo claro, pero si lo hubieran hecho me habría dado algún papel para firmar, así que conservaba el trabajo. Era importante tener un dinero para empezar el proyecto, ese proyecto que me sacaría del fango.

Llegué a casa las tres y media, tenía hasta las cinco para comer y limpiar algo. Me preparé un paquete para microondas, tenía fideos y arroz con pollo. Me había acostumbrado a comer esta porquería en los rodajes,  aunque tuviéramos cáterin siempre me quedaba en el set, mirando y probando cámara. Hecho de menos esa sensación y esa libertad de no tener un jefe en la oreja.
Eran menos 5, me notaba nervioso y no sabia exactamente por qué. Cambié las pilas de la grabadora la dejé sobre la mesa al lado de la libreta. Me froté las mano… sonó el teléfono.

-           ¿Sí?
-           Hola, soy Alex. Estoy abajo

Le abrí la puerta y esperé sentado; esta vez, quería ver como llegaba y se sentaba en frente de mí, con esa parsimonia que lo caracterizaba. Así llego, me tocó en el hombro y le miré: llevaba una chaqueta sencilla y unos vaqueros raídos. Se sentó enfrente de mi, saludo otra vez y dejó una pequeña cartera a los pies.  Nos miramos sin hablar un rato y comenzó su historia.

Ranura de memoria 3 – Pasado



Soy un chico tímido, lo admito, no es algo de lo que me avergüence, pero si me molesta bastante cuando me siento inseguro, me cabrea. De pequeño era igual. Tenía una seguridad de acero cuando estaba solo y hacia cosas, si dibujaba, hacia los trazos sin miedo a borrar o a que me salieran torcidos, si tenia que hacer un círculo no lo pensaba dos veces o ensayaba encima del papel. Lo hacia y punto. Pero luego en clase de plástica o cuando mi madre me miraba era distinto. Dudaba, quería hacerlo demasiado bien, así que pensaba que si lo hacia mal defraudaría a la gente, ese miedo me hacia estar inseguro y por lo tanto, fallar. 

Con las chicas igual, nunca hablé solo con ellas, lo típico, “hola”, “adiós” nada más que yo recuerde. También ayudaba que yo era el “grande” de la clase, el gordo, la diana de bromas, el malo en gimnasia. Para las chicas solo era aquel bulto de carne y ropa usada que a veces se apartaba para dejarlas pasar. Pero no todas era así, generalizar es malo, no se debe de hacer, pero es lo más sencillo.
Había una chica, Nuria un poco desaliñada en la forma de vestir o de peinarse, siempre la típica coleta rápida. No era de las populares aunque no las tenía como enemigas, algo muy bueno. Tampoco era muy guapa y llevaba gafas; estaba flacucha y era un poco arpía, eso hacia que me interesara por ella, pero como amiga. Solo como amiga. Era muy divertida, me hacia reír y yo la hacia reír a ella. Pero desgraciadamente, en aquella época ser amigo y amiga sin formar parte de un grupo estaba mal visto, era raro, así que duró poco, no nuestra amistad, si no nuestra imagen pública de amigos. Cuando cambiábamos de sitio en clase para que todos estuviéramos con todos, cuando me tocaba ella, volvíamos a las andadas, reírnos y tratarnos como igual y, por supuesto, el amor no estaba presente, estaba dos sillas más adelante, delante de una coleta rubia bien peinada. Allí estaba, cambiada y siendo la reina de la clase.

Si antes no le decía nada, bueno, tampoco conocía lo que se hacia con novia o como se utilizaba el amor. Pero ahora era imposible, había desarrollado su cuerpo en verano, como si se hubiera metido en un capullo y hubiera salido mariposa. Una hermosa mariposa. Esos pechos que nadie sabia qué hacían, ese culo que en gimnasia todos miramos, incluso el profesor, aunque lo negara rotundamente ante el director. Fue una historia rara, en medio de una clase fui al aseo, pasé por delante del despacho del director (creo que ahora es el mismo) y estaban discutiendo sobre eso mismo, se escuchaban lo gritos de director apagados y las réplicas inacabadas del profesor de gimnasia. Al volver del cuarto de baño, salió el profesor del despacho como las balas, ni me miró, tuve que apartarme, pero era evidente que estaba cabreado y si llega a ir más rápido le hubiera prendido fuego a los pantalones de chándal que llevaba. Entonces caí en la cuenta de por qué nunca corría con nosotros, nos hubiera ganado a todos y nos sentiríamos mal, el tío era súper rápido, tanto que no lo volvimos a ver.

Creo que la razón por la que no le dije nada está clara, era superior a mi, tanto social como personal, ella merecía al fuerte de la clase, o al rápido, o al listo. No al normal cuyo peso no era normal. Pero no todo estaba acabado, pasaron los años y yo seguía mirándola de lejos, inventándome historias en casa, salvándola de dragones, de la guerra o cruzando un depósito de agua por ella, como en la película The War protagonizada por Elijah Wood. Me marcó esta película, así como Mi chica aunque está me marcó antes y me enseñó lo que un chico puede hacer por una chica que le gusta. Todo esto para una tarde, ver como mi padre le regalaba una joya a mi madre, no recuerdo que era, pero sí que les robé la caja donde iba. Vi la reacción de mi madre así que deduje que haciéndole un regalo a Paloma la conquistaría o haría que al menos se fijara en mí. Como no tenia dinero le pedí a mi padre que me comprara una joya, la respuesta era obvia así que tuve que apañármelas. De pequeño era muy curioso y lo miraba todo, así que sabia donde guardaba mi madre todas sus cosas, así que una tarde busqué en su cajón alguna cosa que no utilizara, alguna joya que hacia tiempo que no se ponía, yo había hecho mis deberes – no los del colegio, esos nunca- y me había fijado en las orejas de mi madre toda la semana, así que busqué unos pendientes que nunca se ponía. Encontré unos rojos que jamás se los había visto puestos, eran pequeños y perfectos rubíes falsos con un pequeño gancho para colgarlo de la oreja. Los cogí y los guardé en la caja.

Como era tan inteligente había contado cuantas semanas faltaban para sentarnos juntos, era fácil, los de la mesa de la izquierda se movían hacia atrás un sitio cada dos semanas y los de la derecha lo mismo, así todos estábamos con todos. Dejando al azar calculado actuar, llegó la esperada semana que la tendría sentada a mi vera.  Como no, tratándose de mi, esperé al Viernes, bravo. Tenia guardada la caja en el estuche, había pensado si dársela sin más, contárselo todo y decirle que no dijera nada hasta el final como vi en una película, pero no, decidí hacerlo a mi manera. Tiré el escuche al suelo “sin querer”, como estaba abierto se esparcieron las cosas y las fui subiendo a la mesa una a una, incluida la caja con el regalo, bajé otra vez al suelo y esperé allí, doblado como una alcayata hasta escuchar el “¿y esto? ¿Qué es?”. ÉXITO. Subí de nuevo, con una cara radiante de felicidad, dispuesto a decir “un regalo para ti” pero en vez de eso, dije “un regalo para mi madre”. Cagado. Me di cuenta mientras lo abría y decía que eran preciosos que había sido un cagado de mierda y un subnormal. Siguiendo mi propio rollo le pregunté si pensaba que le gustarían, me dijo que a cualquier mujer le gustarían. En ese momento me sentí peor que nunca, vacío, roto y desmembrado por un montón de aguiluchos feos que me arrancaban la piel a tiras. Guardé la cajita en el estuche de nuevo, con mi mejor sonrisa y terminó la semana, aunque para mí, el año, la vida y el momento.

Creo que aquí queda demostrado como soy y seré durante todas estas historias.

Ranura de Memoria 3 – Presente 
-           Vaya, eras un idiota – le dije bromeando, porque al acabar tenia una cara triste que llegaba al suelo - pero un idiota subido ¿eh?
-          Si, quizá si.
-          Eh no, era una broma. No te lo tomes a mal, le podría pasar a cualquiera.

Allí estaba, sentado frente a mí, mirándose los pies. Estaba triste y se notaba, le había exigido mucho y ya tenia suficiente. Le dije que lo dejábamos por hoy que podría marcharse hasta otro día.

-          Voy a estar ocupado – me dijo – ya te llamaré yo.
-          De acuerdo. No te preocupes.

Nos quedamos mirándonos largo rato. En sus ojos vi la mentira, no era que iba a estar ocupado, era que tenia que recuperarse después de aquel recuerdo, se notaba aunque hacia como que no, era imposible no darse cuenta. Era tan tierno y bonito. Aparté la mirada de la suya tan rápidamente como ese pensamiento vino a mi mente, me levanté y lo acompañé a la puerta, despidiéndolo con un seco “adiós”. ¿Qué había pasado?

lunes, 30 de abril de 2012

Ranura de memoria 2 – Pasado


 ¿por donde empiezo? me preguntó nervioso.
 Empieza contando algo de ti, una pequeña presentación.
 Vale.

Desde que tengo uso re razón he sido un romántico. Desde pequeño jugaba con los muñecos y los casaba, era como jugar a las “familias” pero yo solo, ya que no tenia muchos amigos. Pero bueno, eso daba igual, imaginaba un mundo aparte para mi solo, donde corría y luchaba contra los malos, no se joder, tenía 8 años y mis padres un bar, por lo que mis amigos iban y venían.
Todos los días hacia un nuevo amigo, pero no porque yo los buscara, si no porque ellos me encontraban a mi, ahí sentado, con mis juguetes y, cuando los padres tomaban el café después de comer, ellos se levantaban de la mesa y se acercaban a mi. Yo estaba en los escalones de la “trastienda” (que era mi guarida, hice poner una cama), por de día jugaba en la puerta y por la noche me masturbaba en la cama con una lamparita, también leía comics, libros, dibujaba… lo que hace un niño con esa edad.
En el colegio no destacaba, era el chico 8, tanto porque pesaba 8 veces más de lo normal para mi edad tanto porque sacaba ochos en todas las asignaturas, exámenes, trabajos. Siempre la misma nota, por lo que mis padres nunca se preocuparon en que me esforzara más ni me presionaban, claro, luego llegó en instituto y había que estudiar en casa y tanto mis padres como yo no sabíamos como hacerlo. Es curioso.
Volviendo al cole, ya habrá tiempo para el instituto, recuerdo muy poco en los primeros cursos, la vida no era igual, claro está. Yo era diferente, iba  a un colegio de “ricos” mientras yo siempre he sido de una clase baja que no llega a media. Llevaba la ropa de mi primo, y  siempre la misma. Así que las burlas estaban aseguradas. Los niños pequeños son crueles, como diablillos.

No recuerdo muy bien como ya digo, pero las chicas no se fijaban en mi, era una silla ocupada más, además a esa edad como mucho era ir a los aseos para cogernos de la mano o decir que erais novios, ni hablar de besos y ni mucho menos de follar como ahora los críos de mierda. Bueno, acordándome de donde estaba sentado la primera vez que me fije en una chica, puedo decir que debía de ser tercero o cuarto de primaria, nueve – diez años guau. Estaba sentado en una pared, mi mejor amigo ese día no había ido, por lo que no jugaba con los otros niños, eso conllevaba tener que hablar con ellos y ese era el trabajo de mi mejor amigo Juan José.
Total yo estaba sentado comiendo mi bocadillo o quizá pizza de la noche anterior. Estaba mirando a los demás niños, en plan violador, pero simplemente fijándome en lo que hacían, lo que llevaban, los detalles de la ropa, los zapatos. Es curioso las cosas que haces cuando crees que nadie te ve, como comerte las hormigas de un árbol o mirarte la chorra en medio del patio. Entonces mi vista se fijó en ella, estaba sentada en la puerta del aulario con su grupo predilecto y elegido por Dios para ser los populares de la clase. Ellas vestían con vestidos y ellos con vaqueros, no corrían como los demás, solo se quedaban quietos, quizá si sudaban se morirían. Pero me fijé en ella atentamente, estaba callada, mirando para otro lado, como aburrida. Tenia el pelo negro y corto, la cara era de cuento, redonda y con las mejillas rosadas, además su nombre indicaba que quería salir volando de aquel grupo, Paloma.
No se exactamente el tiempo que estuve mirándola fijamente sin parpadear, sin pensar si quiera en algo, simplemente ocupaba toda mi mente. Quizá la bso de aquel momento seria I Goy You Babe de Sonny & Cher, ya sabes aquella de la marmota. Por supuesto  era la primera vez que me pasaba esto y no sabia qué era, no podía apartar la vista de aquella niña y me habían contado tantas historias sobre ellas, que si tenían poderes, que eran malvadas, que si tocabas su culo te volvías tonto… Y yo había visto tantas películas que pensaba que eran extraterrestres en cuerpos de niñas para secuestrarnos y estudiarnos. Estos pensamientos llegaron como una ola gigante a mi cabeza, arrastrando los otros y liberándome de aquel estado somnoliento.

Despierto me di cuenta de una cosa, que no podía quitarme su cara perfecta de la cabeza, no podía dejar de pensar en sus manos, su pelo, sus rodillas… Todo eso inundaba mi cabeza de chorlito. Sonó el timbre que indicaba el final del recreo que para mi había durado siglos, aunque no sabia que era un siglo en aquella época, sabia que era mucho tiempo.
Los días fueron pasando y yo no tenia ni idea de por qué la tenia todo el puñetero día rondando la cabeza, de  por qué no dejaba de imaginármela cogiéndola la mano o dándonos besos en el aseo. Era muy extraño para mi, así que pregunté a mama; le dije lo que me pasaba, que la tenia todo el día metida en el tarro y ya no me daba miedo, quería tenerla cerca. Recuerdo como mi madre se agachó delante de mí, sonrió y me dio un abrazo larguísimo; cuando terminó me miró a los ojos y me dijo “¿esa chica te parece la más guapa del mundo?” me tomé mi tiempo para pensarlo y la respuesta era que si, estaba recordando a todas las mujeres que había visto por la tele, en clase, por la calle y si, ella era la más guapa que había visto y por lo tanto, la más hermosa del mundo.  Asentí y mi madre me dio otro abrazo, y luego me preguntó “¿se te mueve el estómago al verla?” ¡Rayos! Pensaba que mi madre era una jodida adivina. Asentí de nuevo y me dio otro abrazo, pero esta vez me susurró al oído que me había encaprichado de aquella niña, que me gustaba y que me había enamorado de ella.
Y así, sin más comenzó mi primer viaje al cielo terrenal, mi primer vuelo sin motor, mi primera erección mirando a una mujer que no estaba desnuda. Todo se mezclaba dentro de mi como una batidora, dejándome aislado de otras cosas, los estudios, los juegos, la tele…  Todo me parecía un aburrimiento al compararlo con pensar en ella.
Y así terminó el colegio, cuatro años pensando en la misma chica y cuatro años sin decirle nada. Esto creo que necesita un paréntesis.

Ranura de memoria 2 – Presente
-        
Por qué no le dijiste nada? le pregunté a Alex después de que acabara de hablar.
Me daba mucha vergüenza, era el chico con menos posibilidades. No se –se quedó pensativo un momento– quizá todo hubiera cambiado si le hubiera dicho algo.
A veces no sabemos las cosas hasta que ya han pasado.

Estaba emocionado, contaba las cosas con una naturalidad impresionante, desde que empezó a hablar había viajado a su mundo, había transformado con sus palabras mi salón en aquel colegio, en su casa; y lo podía haber transformado en lo que quisiera.
Se había hecho tarde, quedamos otro día pero más temprano para aprovechar mejor el tiempo.
 ¿Y ese paréntesis que me traerá?
Bueno, me parece correcto tratar, aunque sea un poco, la evolución de la chica y como el chico se queda estático.
Ya te he dicho que quiero la historia entera, es mi capricho, que luego quizá la transformemos en cine no es tan importante. Quiero escuchar tu historia, quiero escucharte a ti
Gracias.

Nos quedamos mirándonos en la puerta largo rato. Fue un extraño momento, cuando despertamos él dijo adiós y yo me quedé en la puerta un rato más, cerré con llave y me fui a la cama. Me dormí intentando pensar en mi pasado, pero no recordaba más allá de viajes, excursiones y la muerte de mi madre. Me masturbé pensando en mi primera novia del instituto y la primera vez que le toqué un pecho. Ese si era un recuerdo que tenia nítido y perfecto  y con él me quedé durmiendo.

lunes, 23 de abril de 2012

Ranura de memoria 2 - Presente

Domingo, 22 de abril de 2012

… 12:44 p.m.

No llegaré, el salto es muy grande, tengo que decírselo a McCarnigarn.
-          No voy a llegar, John, está muy lejos.
-          No me jodas, está igual que antes, si un viejo como yo ha podido, ¡tú puedes joder!
Aquel viejo tenia razón, su mirada bajo ese sombrero de vaquero me dio fuerzas, me eché dos pasos hacia atrás, miré otra vez a John que me sonreía desde el otro lado de la grieta. Comencé a correr hacia el abismo y en el momento justó salté, levanté los brazos y miré como John abría los suyos para agarrarme, pero cada vez estaba más lejos, miré hacia abajo y la grieta era más grande, no iba a llegar. Empecé a caer y escuché de lejos el “no”  alargado de John que también se alejaba. Caí al vació, me encontré rodeado de rocas y grité, pero el sonido era el de un móvil, el mio.
Me desperté empapado en sudor. El teléfono sonaba encima de la mesita, lo cogí, miré el número y no me sonaba, me lo puse en la oreja, joder no me he dado a descolgar, otra vez a la oreja.
-          ¿Si? – dije medio dormido.
-          ¿Hola? ¿Alejandro? Em, soy Alex, ¿te acuerdas de ayer?
-          ¿Eh? Si, si… Alex si, dime, ¿qué quieres?
-          Bueno he pensado en aquello que me dijiste – en ese momento no recordaba qué le dije – y creo que si podríamos hacerlo… Em ¿te he despertado?
-          ¿Qué? No, no, da igual… ¿el qué podríamos hacer? Ahora mismo estoy algo perdido.
Me dolía la cabeza como nunca. Me levanté aún con el teléfono en la oreja. Busqué las zapatillas con los pies y como no las encontraba me levanté descalzo. Estaba desnudo y no recordaba nada.
-          (…) así que por eso quiero contártelo. ¿Sabes? por las dos cosas – joder no había escuchado una mierda, esa voz era tan familiar….  – ¿entiendes?
-          Si – mentí – me quieres contar algo, entiendo.
-          Si… oye ¿estás bien?
Me estaba tomando una doble aspirina, pronto me haría efecto y sabría quién coño era aquel tipo que se llama como yo y que su voz era muy familiar.
-          Si, si… ¿Alex dices? Oye, ahora tengo algo que hacer, llámame dentro de veinte minutos ¿vale?
Le colgué si escuchar su respuesta. Las aspirinas iban haciendo su efecto, notaba menos presión en la cabeza. ¿Quién era aquel joven? Anoche debí de haberle dado mi número, pero ¿Cómo? ni siquiera yo me lo sé, aunque… Busqué mi cartera y ahí estaba la respuesta: mi tarjeta. ¿De verdad se la había dado? Entonces era por algo de trabajo. Pero no de trabajo aburrido, al menos eso creo.
Me vestí con lo que encontré, unos pantalones y una camiseta viejos. Me dolían los dientes y… ¡Claro, Alex! Aquel colgado borracho que me habló en el bar. Aquella historia, aquella iluminación que tuve gracias a él. Joder, seré estúpido, por poco lo llevo todo a la mierda. Este chico puede realzar mi carrera.
Escuché el teléfono sonar, corrí y lo cogí rápidamente.
-          ¡Alex tío! –dije efusivamente – ¿Qué tal? siento lo de antes, no estaba en mi onda.
-          Ah, hola. Bien, bien, gracias. No se, la verdad te encontraba muy raro.
-          Nada, tenia un dolor de cabeza enorme y no pensaba con claridad. Bueno, parece que te has decidido ¿no?
-          Si… lo he pensado y bueno, compartir esto con alguien, si es para ayudarlo me parece genial. Además este mundo me gusta y bueno, es una oportunidad.
-          Así se habla chaval. Pues tendremos que quedar para empezar, todo es muy sencillo, no te preocupes. ¿Cuándo te viene bien?
-          Pues, en cualquier momento.
-          Perfecto entonces. ¿Esta tarde tienes libre? Simplemente para vernos y cerrar algunas cosas.
-          Vale. Emm… ¿dónde?
-          Pues vente para mi casa, vivo en el paseo, en el número  19, el cuarto piso. Vente para las cinco de esta tarde. ¿Te viene bien?
-          Si, si, allí estaré.
-          Bien. Hasta luego.
-          Adiós.
Estaba nervioso cuando colgué. No se por qué tenia tantas esperanzas, recordaba vagamente la historia que me dijo que me contaría, pero lo que recuerdo muy bien son las ganas y las ilusiones que me dio. Quizá sea una señal, algo divino venido desde lo normal. Un joven con un talento especial, para ayudarme a salir de esta crisis. Esta sensación nunca la he tenido, pero es muy cálida, estoy contento.

(…)

Ya daban las cinco y media y el chico este no daba señales de vida. Me había encasquetado unos vaqueros y un polo viejo para parecer un tipo serio. En realidad nunca me había preocupado por la ropa, aunque siempre llevaba nueva; ahora solo llevo trapos. Soy un descuidado, solo me ducho para que no me echen del trabajo.
¿Dónde coño estará el subnor…? Ah, debe de ser él. Cojo el telefonillo y le abro la puerta.  Espero impaciente a que toque el timbre de aquí arriba, pero en vez de eso, toca con los nudillos. Abro la puerta y ahí está, plantado como un pilar, aquel no era el chico de anoche, seguía estando gordo y seguía vistiendo mal, pero ahora tenia un aire diferente.  Le indiqué que pasará y que se sentara en el sillón del salón.
Su cara era diferente, no estaba melancólico ni tenia esa expresión de sabio pensativo, ahora estaba como perdido, lo había sacado de su rutina, eso seguro y estaba muy receptivo a nuevas experiencias.
-          Bueno… tú dirás – me dijo, no me había dado cuenta de que estaba de pie en el salón sin decir nada.
-          Ah si, perdona. Verás te he preparado este papel para que lo leas, es algo natural para que los abogados no nos toquen las narices y… oye ¿tienes mi tarjeta por ahí?
-          ¿Eh? – se buscó por los bolsillos – si aquí la tengo, toma.
-          Gracias, es que es la última que tengo….
-          Si ya… bueno ¿tengo que firmar…?
-          Si aquí y aquí, es mero trámite. Es una tontería, pero si decidimos hacer algo con tu historia y lo firmamos después de contármela, es probable que me puedas sacar los higadillos. Además yo me comprometo a escucharte sin reparos y a ser fiel.
-          Perfecto entonces
Cuando terminó de firmar me entraron unas cosquillas en el estómago. Volvía a mi niñez, volvía a tener ganas y ¡aún no había escuchado la historia! Alex no se dio cuenta de que estaba muy, demasiado, nervioso.
Lo veía ahí parado, sin decir nada. Me dio el papel y lo dejé por ahí. A Alex le hubiera dado igual estos temas, lo había preparado para parecer más profesional. Quizá ahora se asuste cuando saque la grabadora, pero no lo hice, me senté delante de él y saqué mi libreta para apuntar.
-          Esto es para apuntar detalles. Si luego hay que dar fechas y localizaciones queremos que sean fieles. Quiero que me cuentes la historia como si de un amigo se tratase, como lo hicieras en un café o algo así.
-          ¿No seria mejor que lo grabases? Queda más profesional.
-          Em…. si, claro, tienes razón, voy a por la grabadora. Espera.
Será cabrón el niño. ¡Si la llevo en el bolsillo! ¿Por qué me he levantado para “ir  a por ella”? Claro, si la hubiera sacado delante de él había sido vergüenza subida. ¡Será cabrón el niño! Cuando vuelvo está ahí parado, como si nada, aunque en su cara puedo atisbar una pequeña mueca de risa.
-          Ya está – le dije un tanto enfadado pero divertido a la vez – Bueno, empieza cuando quieras.
-          ¿Te lo cuento todo?
-          Todo
-          ¿Sin peros ni señales?
-          Si
-          ¿Aunque me ponga pasteloso y melancólico?
-          Mientras no intentes besarme no pasa nada.
Nos estuvimos riendo durante un par de minutos. Traje unos vasos con agua y bote de frutos secos.
-          Pues, estoy nervioso y todo – lo estaba – creo que tendríamos que remontarnos al colegio…. Una eta
-          Espera, antes de nada – le di al rec – pongamos una pequeña sinopsis de la historia.
-          Vale
Me he enamorado muy pocas veces en esta, mi vida. Creo en el amor, pero él no cree en mí, no tiene confianza. Esta es la historia amorosa de mi vida, todos los sentimientos, todos los compases que he visto u oído estarán aquí.  Esto es realidad, supera a la ficción, rompe con los tópicos. He aquí, el amor resumido cuatro veces.
-          Eso ha sido muy bonito tío.

H.D.P

sábado, 21 de abril de 2012

Ranura de memoria 1 – Presente

Prólogo
Antes que nada decir que esto es una historia real, son las crónicas amorosas de un chico de 20 años. Si, lo sé, pocos años, pero creo que pueden ser interesantes, quizá, para la gente de a pie. Como historia real tiene datos reales, nombres, fechas, localizaciones… no voy a cambiar nada de eso, quizá alguna persona se sienta identificada, pero son cosas normales y hasta la última parte no nos acercamos al futuro, en nuestro caso, el presente.
Como amante del pasado y buen “memoriador” me centraré sobre todo en anécdotas y recuerdos pasados. Intentaré ser lo más preciso posible, inventaré lo justo y prometo ser sincero a la hora de contaros la verdad.
En cuanto a la parte de ficción, es un truco que utilizaré para manteneros atentos y que guste, ya que una historia sobre mi vida no es muy atractiva, además de que puede hacerse monótona y predecible, de ahí que utilice esta “técnica” narrativa y, sobre todo, utilizada mucho en el mundo del cine, para darle ese toque a fantasía que tanto nos gusta.


Ranura de memoria 1 – Presente
Sábado, 21 de abril de 2012
  • Este bar es una mierda ¿verdad? No se ofenda camarero – Ese hombre se dirigía a mi.
  • Bueno, a estas horas es normal que esté vacío.
Llevaba bebiendo durante siglos y aquel hombre me había acompañado durante todo ese tiempo aunque no habíamos cambiado palabras hasta aquel momento. Estábamos ambos en cada punta de la barra de aquel bar y éramos los únicos clientes que quedaban. Yo bebía por mis razones y cuando vi que hombre se levantaba de su taburete y se dirigía hacia mi, conocería las suyas.
Cuando estaba a unos metros de mi, me di cuenta de que no tendría más de 25 años. Era un joven triste, iba medio chepado y no tenía un cuerpo atlético. Era más bien tosco y vestía a la moda de hace 10 años, la moda de “ve cómo te de la gana” tan típica del nuevo milenio.
  • No sé qué hora es… ¿puedo? – Me preguntaba señalando el taburete más cercano a mí.
Le hice un gesto de aprobación y se sentó a mi lado. Se quedó mirando su copa casi vacía y me di cuenta de que no tenia más de 20 años, era aún joven y parecía destrozado como si hubiera vivido dos vidas. Era obvio que estaba borracho, pero no se tambaleaba, ni se quedaba embobado mirando el vaso vacío. Estaba sereno, triste, tenía una mirada penetrante.
Su aspecto era descuidado, iba sin peinar y se notaba que se cortaba el pelo así mismo, la barba la llevaba muy corta.
  • Me llamo Alex. Siento haberte hablado, no suelo hacerlo, pero me dolían los dientes de no haber dicho nada en toda la noche.
  • Vaya, yo también me llamo Alejandro. No pasa nada, si tenemos la capacidad para hablar, podemos hacerlo.
Alex cambió su expresión a una mueca divertida, se terminó la copa y apartó el vaso. Era un joven un tanto familiar y aquella…
  • ¡Qué casualidad si…! Y bueno, que haces para pagarte todo el alcohol que llevas tragando durante toda la noche.
  • ¿Emh? Bueno, ahora mismo trabajo como operador de cámara en un programa de cocina. Aunque yo, yo no me dedico a eso, yo creo. Soy un visionario.
  • ¿Visionario? ¿Qué creas? – Aún no me había mirado a los ojos, eran marrones como los míos y demasiado profundos para la edad que tenían.
  • Soy director de cine. Hago películas nunca vistas…
  • Eso está guay. Películas nunca vistas… bueno eso es normal, si no, nadie te contrataría.
  • Ah, claro, bueno ya lo hacen, llevo dos años sin nada nuevo. Por eso ahora soy cámara, me da lo suficiente para pagar mi alcohol.
No tenia ni idea de por qué le había contado eso a aquel joven. Era extraño, pero sin quererlo le había contado mi vida, sin proponérmelo le había contado que soy un fracasado subido, sin pensarlo le había dicho que era un hombre acabado.
  • Y ¿por qué no bebes con una mujer? Pensaba que los hombres de tu edad tenían una agenda para ligues, para, simplemente no beber solo.
  • Bueno, nunca he sido bueno con las mujeres. Y hoy me apetecía beber solo, como ayer, anteayer…
  • Podrías hacer una peli sobre eso. “El hombre que bebía demasiado” – Alex soltó una carcajada que resonó en todo el bar. A mi me dio también la risa, aunque luego pensé que era cierto. Quizá debería de dejarme de hacer cine extraño, paranormal, fuera de lo común y centrarme en un cine personal, casi documental.
  • Tienes mucha razón, ¿sabes? Mi cine siempre es raro, siempre tiro de giros de guion tan bruscos que a poca gente le gusta, pero es un nuevo estilo, el mio. Aunque tienes toda la razón, debo tocar lo personal, a la gente le gusta lo normal, le gusta lo cotidiano. Quieren sentirse identificados con los personajes, sentir que pueden ser ellos, amarlos y odiarlos… ¡esa es la solución¡
No me había dado cuenta de que me había puesto en pie y tenia el dedo en alto. Quizá iba demasiado borracho, pero el corazón me latía a mil por hora, Alex, aquel joven, me miraba desde abajo con una sonrisa, pero no riéndose de mi. Me creía. Tenia fe en mí.
Pero había un problema. Mi guionista se había largado y yo no tenía ese don para escribir historias reales, sabía meter sangre cuando era necesario, una pelea, un monstruo imposible, pero ¿crear una historia de verdad de la nada? Eso era imposible.
Baje el brazo y me senté, me terminé la copa y agaché la cabeza. Idiota. Necesitaría la historia perfecta para conseguir llevarla a cabo, no tenia la suficiente pasta como para contratar a alguien. El sueño se alejaba tan rápido como el último sorbo de mi cubata me atravesaba la garganta.
  • Es imposible – le dije a aquel chico.
  • ¿Por qué?
  • No se escribir, no se inventar cosas reales. Aún soy un crio jugando con dinosaurios de juguete, solo visualizo cosas de mentira…
  • (….) ¿Cuántas veces te has enamorado?
  • ¿Eh? ¿Qué? – me sentía confuso – No sabría decirte… muchas veces supongo.
  • Ah… yo solo cuatro veces. Y me acuerdo de cada una de ellas.
  • ¿Cómo? ¿Un número fijo? Qué extraño.
  • No tanto. Mi idea del “amor” no será la misma que la tuya – me dijo esto de una manera un tanto mística, aunque al final soltó otra carcajada.
  • Oye… ¡eso es! Cuéntame tu historia, esa será la que llevaré a la productora, quizá guste. No se, es la primera vez que escucho eso…. ¡y es algo extraño!¡ Cómo a mi me gusta!
  • Mi historia no le interesa a nadie….
  • A mi si… por favor. Toma –le di mi tarjeta, solo me quedaba esa, la había guardado como recuerdo – llámame si cambias de opinión. Simplemente quiero escucharla, luego puedes decidir si la llevamos más allá.
Cogió la tarjeta y la miró frunciendo el ceño, hizo otra mueca y la guardo en el bolsillo. Me miro e hizo un gesto de aprobación mientras se levantaba del taburete. Me dijo adiós y antes de salir por la puerta se dio la vuelta para mirarme, yo me había girado para verlo salir y vi como me hacia un gesto con la mano, como un teléfono, se lo puso en la oreja, me señaló y empujo la puerta.
Iba a volver a ver a ese chico, estaba seguro. No se por qué pero tenia ese presentimiento. Este era el momento de volver al mundo, a mi mundo. Iba a volver como un grande. Estaba eufórico, quizá debía de haberle pedido el teléfono a él, por si acaso. Joder menudo error de principiante.
Fui al lavabo, pagué mi cuenta y me marché a casa a dormir.

H.D.P.